Una vez superado el momento irrefrenable de –Que agustico
estoy entre estas mantas-, después de haber visionado entre cristales que una atmósfera cortante se extiende más allá de la techumbre hogareña, donde un
lento crepitar de un ceporro parece embrujarte en hipnotizantes figuras, es el
momento de utilizar un primer impulso para alentarte con un -¡Vamos!
El amarillento sol te recibe, donde el suelo acartonado y crujiente
le cuesta despertar por envoltura en celofán de blandura. Ante esto y con esto,
hete aquí, que con singulares figuras adornas el cuerpo, hasta que tras
diversos movimientos eléctricos percibes que lo que te rodea no es una posición
sino un estado.
Estado solidificado
del respirar de las plantas convertido en escarcha, estado liquido que
desprende el apéndice naricero en irremediablemente agüilla moquillera y un estado gaseoso cortante del aire que
penetra por cada resquicio.
Conscientes de que la posición de acurrucado-exprimido, es
una defensa de empiece para iniciar un proceso de activación neuromuscular
impulsora que reactive un proceso de cambio del estado de los allí reunios.
Es en ese momento, bajo unos sonrojados mofletes, donde las
cejas parecen estar adornadas de escarcha, bajo unos lagrimones de secante frío que impulsan los brazos y piernas en sobredimensionados movimientos.
Movimientos que evocan un zapateo desajustado que a ritmo sincrónico de vahos armonizan aquellos que
antes se encontraban acurrucaos.
Cuando dejados por aquello que dice: Ni se crea ni se destruye
sólo se transforma, aquel encogido grupo de atletas laguneros aplican este
elemental axioma físico, que mezclado con una justa medida de buen estado de
ánimo dan certeza empírica al dicho que dice: El frío no existe, el frío sólo
es ausencia de calor.
La mañana se anuncia en apacigüe
calma, la niebla en severa espesura ha ido poblando el paisaje. El frío penetra
por cada rendija que deja el ropaje, haciendo escasas las tres capas. Una vez
ajustadas las orejeras y enguantadas las manos, comienzo un tranquilo trontón.
Después de un espaciado tiempo,
sin disfrutar de tan apacible silencio, quiero hacer que mi tranquilo trontonéo se vaya inundando de la
tranquilidad de este espacio. No tengo prisa, quiero disfrutar de este duro
frío manchego, escondido entre la espesa niebla a las puertas de un nuevo
invierno.
Por fin no tengo prisas por nada,
busco que mi mente se inunde de nada, dejo que mi ritmo sea el de ninguna
prisa, quiero que el camino sea el de ninguna parte, solo aspiro al deseo de
sentir esta mi tierra, el lugar que pertenezco, lugar que siempre me
reencuentro.
Tranquilidad, silencio, disfrute,
soledad, sosiego,… mi tierra.
El largo silencio, se amortigua
en pisadas. Echo la vista atrás, donde una generosa niebla esconde las multiformes
piedras que otrora eran engullidas por generosas aguas. Su ritmo me alcanza. Su
desconocimiento, me sorprende. Solo es cuestión de hablar el mismo lenguaje,
seguir los mismos pasos y entender un camino de rasgos llanos, de vistas
largas, de empaparte de un lugar mágico donde la rudeza de su tierra siempre da
una tregua.
Poco a poco nos dejamos llevar
del lenguaje simple, del querer conocer, por las ganas de mostrar. Soy de aquí
sin estar aquí, vivo aquí sin vivir aquí, esta es mi tierra donde disfruto,
donde me pierdo.
La fuerza del sol abre la niebla.
La fuerza de las pisadas, intercambian entretenida palabras que dan referencias
e inquietudes. Cáceres y Villafranca de los Caballeros dos lugares simétricos y
distantes, y al mismo tiempo unidos por un punto equidistante: Madrid.
No somos extraños porque hablamos
el mismo lenguaje en distintos retos. La mañana es agradable, apacible,
tranquila, silenciosa,… sólo rota por gratos encuentros y rápidos saludos. El
carreterín anuncia la última procesión de pasos. Aquí tienes un lugar para
correr, un espacio para disfrutar y una gente que no te hará sentir extraño.
Nos miramos, nos saludamos, nos
despedimos y en lento trontón nos echamos la mano. –Encantado-, -Me llamo
Domingo- ,-Yo, Julián,.. Allí un poco más adelante, todos los domingo a las
nueve siempre hay alguien del Club dispuesto hacer kilómetros-
Tras unos rápidos comentarios
analíticos, en el que desde sus principios se va afianzando el SI, condicionado
a evitar los caminos. El grupo de laguneros deciden buscar el asfalto y disfrutar, bajo el
chapoteo de zapatillas, de una agradable mañana de entreno rodado.
Durante toda la noche la lluvia
ha sido un incesante caer, el terreno está sobradamente esponjado, sólo el
asfalto hace posible alternar chapoteo de charcos con animadas conversaciones.
Aquellos momentos de intensas
lluvias que inadvertidamente empapan nuestro cuerpo, se van alternados con el
sonido amortiguado de zapatillas, calcetines y pies envueltos en agua, -chup,
chup, chup,..- Las conversaciones van saltando
al mismo ritmo que las lluvias cubren la mañana.
Fuertes chaparrones dan paso a
unos inesperados claros que nos obligan a decir que no es para tanto, peor son
los días de viento o aquellas mañanas de extremas temperaturas que congelan los
monocordes vahos.
Las conversaciones se articulan
bajo el fuerte pilar del correr, que en unos están fabricado bajo la longevidad
de los años y otros desde la bisoñez de su incipiente madurez. Nos sentimos
privilegiaos de poder reencontrarnos bajo un incesante y rítmico meneo de brazos,
que hace fluir unas zancadas que reactivan con avidez nuestro cuerpo.
La angustia de días, que se han
vuelto cotidianos, días que empezaron como un mal sueño, donde sentir que tú
nueva situación de parado iba a ser transitoria, para ver que la crudeza de los
días, va dejando aflorar por los poros
de tu piel el mensaje de “para que sirvo”. Entre charcos y la alternación de
copiosas lluvias se maldice el ahora y se echa la vista con desazón hacia un
futuro oscuro.
La fe te lo dan tus pasos, esos
únicos momentos en los que el ropaje deportivo, te hace sentir ser poseedor de
lo que solamente la naturaleza te ira desgastando. El poder de mover tu cuerpo,
por encima de los augurios “macros” que con tan pesada fuerza están cayendo
sobre una sacrificada sociedad noqueada, te fabrican la esperanza
Bancos, banqueros, Estado, gobernantes, Partidos, políticos,..
conglomerado de rimbombantes elementos, que desde las alturas manejan los hilos
de una sociedad noqueada, sólo ellos son los vil traidores del antes y ahora.
Traicionaron la ética del normal desarrollo, crearon virtuales espejismo, se
blindaron y endiosaron, fueron durante décadas vil manipuladores adornado un paisaje de luces y clarines insostenibles,
que hoy arrastran crudamente a la desesperanza.
No dejamos de esquivar charcos,
de sentir que el agua llega hasta los huesos, de romper “las monjas y frailes”
que con incesantes “gorgollitas” adornan la calle. Calles solitarias, donde
algún que otro entreabre la puerta y mira sorprendido el “chup-chup” de cinco “locos” laguneros,
mientras de reojo mira un cielo oscuro y embravecido en agua.
Laguna Grande de Villafranca de los Caballeros, 3-11-2012.
JMR
-Buenos días-, -buen tiempo
tenemos-. Ahí van esos locos que corren, esos que entre trotes, risas y orgullo
saben que las cosas “no pintan bien”, que las cosas lo más seguro irán peor y
que la que se nos está avecinando van a ser los de siempre los que bien la van
a pagar. Resignación, NO. Entrega, No. Constancia y lucha SI y no por ellos,
sino por nosotros
Las lagunas vuelven asomar por el
horizonte, la copiosa e incesante lluvia te hacen bajar el horizonte creando un
espejismo de cuantiosa agua sobre un vaso lagunar largo tiempo sediento.
No te deja de sorprender cuando avezados entendidos
argumentan sus teorías de lo que hace años pudo ser. Nacidos para correr, es un
libro que me ha sorprendido y McDougall nos introduce en como hace millones de
años, cuando el animal erguido no tenía armas de caza, para procurarse las proteínas necesarias, que aportaron la dieta
que no sólo fue capaz de ir moldeando nuestra fisonomía y fisiología, sino
también nuestro cerebro.
Como animal homínido, desprendido de
pelaje y dotado de un singular sistema de refrigeración, que lo diferencia del
resto de los animales. Si a esta peculiaridad le añadimos la capacidad de unos
pies, con una arquitectura perfecta que ofrece la adaptación y amortiguación al
conjunto del esqueleto en sus desplazamientos, ante esta perspectiva el homo
erectus utilizó como primera arma para obtener la alimentación carnívora: La
caza por persistencia.
Homínido y cuadrúpedo se enfrentan en una
inquietante batalla por la supervivencia, donde la resistencia del primero
deberá hacer frente a la velocidad del segundo. Los animales de cuatro patas
necesitan parar con el fin de iniciar un periodo de refresco, donde
desprenderse de la elevada temperatura corporal adquirida durante el esfuerzo
desarrollado; el mecanismo de su cuerpo le impide refrigerarse estando en
continuo movimiento. El homínido, utiliza su sistema de refrigeración para
regular su temperatura corporal sin parar, y además tiene la posibilidad de
utilizar sus dos manos para procurarse la bebidas durante las largar horas de
caza por persistencia, que deberá finalizar con el alcance de la presa por
agotamiento.
Antropólogos y etnógrafos ven con buenos
ojos estas teorías, donde comenzó la evolución de aquel homo cazador y
recolector.
Aquel instinto de supervivencia, se quedo
incrustado en algún recóndito lugar de nuestro cerebro, que hoy en día y
sometidos a nuestra disciplina, nos hace capaces de desplazar kilómetros y
kilómetros bajo nuestra única voluntad de mover nuestro cuerpo y transformar
nuestro ancestral necesidad de supervivencia en unos únicos momentos de placer
y disfrute.
“Correr nos hizo humanos”.
Aquellos días la ciudad se movía entre las
sombras, era extraña, rara, difícil de entender. Su mundo me quería atraer,
pero resurgían angustiosas dudas. Solamente me deje llevar aquel único momento
en que mi cuerpo extrajo el primigenio instinto de supervivencia, y desde la
persistencia de tener siempre un espacio en la maleta, donde acoplar un par de
zapatillas, me ofreció la posibilidad de meterme en aquella ciudad, haciendo
desaparecer cualquier sombra de duda.
Antes del alba, cuando la oscuridad tapaba sus sombras y los
últimos gritos enmudecían en la ciénaga oscuridad de la noche, con sigilo y en
marcha ágil la caravana emprende su marcha.
Muchos son los gritos que cada día se suman a los temores y
miedos de una angustiosa vida, donde los esfuerzos y sacrificios no serán
suficientes. Muchas son las voces que claman la desesperación de ver la
acumulación en unos pocos y como otros muchos inexorablemente son apartados en
la temible vía muerta del paro.
Hay que reinventarse, redescubrirse, esforzarse, pero esto
parece ser que va al montón de siempre, porque los otros pocos: Suman, siguen y ganan en su único esfuerzo de
tener más.
No llegan las primeras luces cuando unas lúgubres tinieblas
engullen la certera y puntual marcha. Los sentidos se agudizan ante el espectáculo de grises, donde dan
pasos las vistas de las 14 torres, escondrijo y atalaya vigilantes de escaramuzas.
Dentro de las entrañas de las empinadas y onduladas montañas,
lugar donde en otro tiempo bandidos románticos, lanzados a los escondrijos de
las montañas ante pleitos de una balanza de justicia afrancesada
desequilibrada, se convirtieron en héroes de un pueblo llano y explotado por
políticas de intereses, que velaban más por reventar la saca de acumule de los
opulentos al progreso de los humildes, siempre en épocas de exigencias vilmente
vilipendiada.
Reinventarse o aprender de la historia recorriendo las
empinadas montañas, pisoteando las estrechas veredas, esquivando las
escurridizas piedras de anteriores días de lluvia. El cansancio se siente desde
los primeros metros, cuando aún no has abandonado las últimas casas, donde un
“sos han engañao, donde vais por ahÍ. ¡Muchachos!”. Un terreno húmedo amortigua
gratificantemente cada una de las zancadas. Las imprevisibles paredes, hacen
que casi en singular gateo arañes metros, y dejes brotar una sonrisa de
emoción.
Sierra Morena, lugar de bandidos, lugar donde después de
expulsado de tu oficio te echabas al monte. En ese lugar hoy Mónica, Jesús, Bienve y Julián se tratan de
reinventar en la I Carrera de Montaña de XTierra Bañusca.
Las estrechas veredas
de jara que circunda el pantano del
Rumblar, te ofrecen un aroma de tierra húmeda, agua y piedras, que
hacen retumbar el eco de las voces, convirtiéndolas en miles que gritan
al unísono en monocorde clamor.
Sus cimas nos muestran sus amplias vistas panorámicas, las
empinadas “bajadas técnicas” te obligan a acortar la zancada, a zigzaguear en
inciertos terrenos de refreno. Los impresionantes vaivenes y escarpadas
subidas, intercambiados con cortos caminos horizontales de recuperación, te
hace sentir el Curro Jiménez de este inicial tambaleante Siglo XXI.
Llegan las casas, los aplausos y la singular alegría de sus
gentes. Está aventura de montaña por
Sierra Morena llega a su fin. En la meta
Jesús y Mónica, dos jóvenes laguneros muestran su alegría. Dicen que forman
parte de esa generación perdida. Su fuerza y lucha en esta dura carrera de
montaña son una muestra palpable de que son jóvenes con garra, que están
dispuestos a tejer su futuro y que si en
la mañana del día de octubre de 2012 nos
hemos “tirado al monte”, será porque esta generación adulta, acomodada y hoy
constructora de esta sociedad, solamente ha sido capaz de crear un triste
castillo de naipes.
NOTA: Quiero felicitar especialmente a Mónica que durante
todo el recorrido la he llevado unos metros delante de mí.
Creo que eres todo un ejemplo de constancia y progreso. Sí
hoy sumabas 40 carreras, que mejor que subir al pódium para recoger tú merecido
segundo puesto sénior de la I Carrera de Montaña XTierra Bañusca.
Haciendo sábado, como siempre haces una entretenía, y mira
tú por donde han aparecido estos videos que traen gratos recuerdos. Al ser hoy
un día en que Félix Baumgartner ha
cumplido uno de sus retos: “Romper la barrera del sonido en caída libe”, me
viene al pelo aquella aventura que para unos laguneros supuso cumplir un reto: “Subir
al Angliru, y casi tocar el cielo”.
En fin, disfrutar de estas imágenes, que bien cumplen
el lema:”Eres más duro de lo que crees y eres capaz de hacer más de lo que
crees” JMR
Amadís de Gauda, don
Belianis de Grecia, Orlando furios de Ariosto, el Caballeros del Febo, Don Olicante de
Laura, Florismarte de Hircania El caballero Platir, Palmerín de Oliva, el caballero Tirante el Blanco, don Kirieleison de Montalván, elPastor
de Iberia,Ninfas de HenaresyDesengaño de Zelos,… grandes caballeros de grandes aventuras,
ejemplos de la sinrazón que ilustran este buscador de desventuras, que en ellas
desea la noche de vela en armas que le hagan caballero que iguale a sus
ilustres.
Adormijado, donde casi todo andaba preparado. Con
lento desperece logro enfundar mis pies en colorineros calcetines. Seguidamente
y de manera instintiva enlazo cada uno de los cordones de las zapatillas. Tres
pasos – no puede ser-. Pie izquierdo y pie derecho muestran desiguales
zapatillas, con singular presteza deshago
singular entuerto.
Puerto Lapice, de manera lenta se asoma con aire
soñoliento, no en vano andaba en ferias y fiestas. No acabamos de entrar en su
plaza (en otro anuncio de villa arriba o villa abajo) que en sus calles se
divisa el ajetreo de quien con singular esfuerzo de batalla con brazo de hierro
mueve vallas, estira cintas, da gritos, corre para un lado, para el otro,
desaparece con su coche, alza los brazos, y entre tanto le da tiempo a dirigir
una rápida sonrisa.
Tras un sincrónico balanceo y hacer un recorrido
analítico del recorrido, La temperatura muscular adquiere el equilibrio
perfecto para dar pequeños saltos de impaciencia en la divisoria línea de
salida.
Cierta inquietud trazan miradas. La vigilancia de
soslayo parece relajarse para dar lugar a la pregunta: ¿Qué pasa? ¿Dónde está?.
El encogimiento de hombros y los signos de desconocimiento se tornan en
desconcierto. Diez minutos después de las 10,00 horas, con prisa acelerada
agita las manos, sitúa su coche en señal de ser el guía del primero y con voz
complaciente nos dice: – todo está listo. Algún c… ha quitado las citas, pero
ya están puestas-. Abre la puerta de su coche, para posar los pies sobre su
entrada y con figura erguida, retando a todos los que en batalla quieren entrar,
agita el brazo y con voz firme y fuerte, grita -¡Vamos!-.
Tras la recién experiencia de mi estrategia
“¡temblad! ¡temblad!”, esta vez no será el miedo. Será la fuerza y el vigor de
una primera vuelta frenética. Sin tregua y con paso firme consigo obtener la
ventaja, dominar el ritmo seguro que por sí sólo aventura crear una distancia ganadora.
Rondado en la segunda vuelta, se desperdigan como
rosario a lo largo del recorrido, pareciendo nobles corredores en batalla,
donde en este mismo lugar se nombro al gran caballero de la Triste Figura.
Aquel que corre como con armas en jalde, parece el valeroso
Laurcalco, señor de la Puente de Plata. El otro, que por el trote jadea,
asemeja al temido Micocolembo, gran duque de Quirocia. Por el otro lado al
siempre vencedor y jamás vencido Timonel de Carcajona, príncipe de la Nueva
Vizcaya, liza en singular velocidad para ser el primero en cruzar la meta, y no
son de olvidar aquellos noveles
aprendices del llamado Pierres Papin, señor de las baronías de Utrique. Son
muchos los nobles corredores que andan en liza de tan singular batalla
corredora.
La
tercera y última vuelta, tras el escudo con esparraguera que dice “Rastrea mi
suerte” del poderoso duque de Nervia, Esparfilardo del Bosque, me vislumbra que
el fiel de la balanza se ha puesto de mi
lao.
Dejo
mi mente divagar, me olvido del esfuerzo y sólo espero que a la vuelta de la
esquina, y una vez dejado de lado el castillo donde tan valerosos caballero manchego
velo sus armas, será en ese momento cuando mis brazos se alcen en señal de
victoria y bien nombrado caballero.
Corriendo
disfrutas, ejercitas tu cuerpo, haces revivir la aventura de aquellos otros que
nunca existieron o solamente al mover las piernas recordamos nuestra primigenia
ancestral de que nacimos para correr y sobre ello hemos evolucionado. En estos
y de esta manera me encontraba en divagante pensamiento, cuando una voz resuena
–Julián, ¿Quieres agua? -. Él, con su coche, con su entusiasmo y su garra trata
de llegar a todos, de atender a todos, de mantener una carrera que la crearon
en honor al gran corredor que en otro tiempo él siempre fue: Antonio Layos
Buitrago.
Meta,
alegría, descanso,.. el presidente del CA lagunero se acerca me felicita y
dice:- creo que has sido el primero de veteranos B-. Yo pongo cara de sorpresa,
pero ya lo sabía, porque la estrategia y la zancada desde el primer metro fue
de un simpar ganador.
En
casa y entre pasos de carros deposito, con exquisito cuidado, tan preciado
trofeo. Lo miro, dos figuras una con lanza y otra detrás de forzada zancada que
porta escudo lo ilustran.
Mientras
desvisto mis ropas de “guerra”, mi cara esboza una sonrisa de felicidad y mi
mente deja volar la imaginación para sentirme como aquel gran caballero de gran
porte y lanza.
Mis
lentos movimientos de desviste se queda petrificaos. Giro lentamente la cabeza,
fijo la vista en el pie izquierdo, giro lentamente la cabeza a la derecha y
fijo la vista en el pie izquierdo, es en ese preciso momento donde mi imagen de
idílico triunfador como gran caballero se hace añicos. Ahora sé que la
estrategia minuciosamente ejecutada en cada vuelta no funcionó, que la
distancia sabiamente lograda fue una mera quimera, que todo aquello no fue paso
por un castillo sino que es venta y que yo aquella mañana adormecido solamente
tuve la fortuna de que por descuido me calce unos calcetines del revés.
1º Veterano B (Puerto Lápice 2mil12)
DEDICATORIA:
Este ilusionante trofeo se lo dedico a todos aquellos que de vez en cuando
bucean por este angosto paraje que aunque no es secarral es lugar de poco
vergel.
Fede
esta vez estaba escrito, aunque haya sido por la suerte de llevar los
calcetines del revés.