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domingo, 24 de marzo de 2013

Nubes y claros


Entramos en una semana de asueto, semana que, ya los días previos, la televisión te insinúa propuestas, hace estadísticas y comparaciones, dejando la previsión del tiempo a la imprevisión de nubes y claros.

Cuantos propósitos hacemos en fechas señaladas. Año Nuevo: Comienzo la dieta, me apunto al gimnasio, dejo de fumar, voy a correr,.. Todas, todas con el paso de los días se van difuminando y terminan en desilusión.

Los días comienzan a alargarse, el frío parece disminuir, el ensayo de Hermandades y costaleros nos pregonan otras fechas señaladas y con ella comienzan las viejas propuestas: Salir al campo, estrenar chándal, zapatillas, ropa chillona deportiva, esta vez es el momento ideal para salir de una vez por todas a correr.
Otra vez vendrán ese dichoso ciclo lunar, que interfiere entre el Sol y la Tierra, trayendo oscuros nubarrones, que harán brotar las lagrimas de entregados costaleros y hermandades, y a la par el corto asueto dejara difuminado el cúmulo de propósitos.

Olvídate de hacer y cumplir tus propósitos, no hagas ningún planteamiento, simplemente comienza hoy a andar. Olvídate de las mejores zapatillas con sistema de amortiguación modelo “tersoflex” o los interminables tejidos multicapas “sensor-res.tres”, simplemente anda y trota, trota y anda. No dejes llegar el agotamiento a tus músculos. Disfruta de las sensaciones y si el lugar lo merece, de sus vista y ambiente.

Deja que tú cuerpo y mente te pidan salir a correr.

Hazlo sin ningún propósito o intención, simplemente dejándote llevar. Mañana sin proponértelo no solo disfrutaras, sino que evolucionarás.

A buen seguro que sin ningún propósito, entre nubes y claros, encontraras buenos momentos e incluso divertidos.
JMR

lunes, 24 de marzo de 2008

De Procesiones, penitentes y otras bandas

Cada año la llegada de la Semana Santa, produce un prurito cuasi primaveral que aflora con ansias de aprovechar al máximo estos merecidos días de asueto.

Fue en la tarde del Miércoles Santos, como preludio de la visita a Los Santos en “rilera”, cuando unos golpes de llamador revolucionaban una previsible Semana Santa de desempolve y reluciente tradición.

Tras oxigenar pulmones y alargan la vista de paisajes interminables, acompañados de una animada conversación que expulsaba los malos humos y obligaba a resudar la inquina de momentos cercanos pasados, dejando cada uno de los poros abiertos para absorber una tradicional Semana Santa.

Aquel sonido de llamador fue como un redoble de tambor en el que tras erizar los pelos traía una segunda consigna en clave: Cada uno que apañe lo que tenga y nos vemos para dar cuenta de ello: Tortilla de espinacas, ensaladilla, ..y no podían faltar las obligadas torrijas en sus distintas versiones. Entre comentarios, bromas y risas choque de vaso que decían: Salud. Todo listo y decido. Cumplamos con la tradición.

Cada uno de los Santos se encontraba en el lugar adecuado, su posición y distribución no variaba un milímetro de la del año anterior, o de otro año, o del otro del otro,… al verlo tan escrupulosamente situados trasmiten la seguridad de que seguimos pisando el sitio de siempre, con la gente de siempre o ¿nos estamos simplemente creando un espejismo?

El Cristo, Plaza el Mercado, El Roce, esquina el teléfono, La Angosta, la carretera, La Glorieta, La Virgen,….

De la Procesión, ¿Qué nuevo decir?, todo en su sitio para una poca gente, para otros cada año a menos, unos años muchos capiruchos y ahora cada vez menos. Yo creo que este año cada uno estaba en su sitio y han sabido guardar el orden y distancia. Por lo demás decir que somos la fiel “muestra” de la “furia española” de la Selección Nacional de Fútbol (mucho, mucho, pero luego,… más de lo mismo).

Ya con el sol fuera se escucha de manera amortiguada el sonido de tambores, como es tradición. Surge la duda entre la bula o el ayuno. La mañana transmite tranquila y su sosiego incita a lo diferente. Es tiempo de ayuno, abstinencia y penitencia.

Es el ir para luego volver. Es cosa de uno y así fue. El cristal engañaba y con buen ojo avizor los preparativos fueron los adecuados. El aire (para los más cultos el viento) se tornaba frió pero, el reto merecía el sacrificio.

Estaba oxidado, era el lugar adecuado. Lo estudiamos al milímetro. A partir de este momento era cuestión de zapatillas, solamente teníamos que buscar el palo verde a la inversa. A veces uno pone vallas al campo, no importa, a saltar. Nuestro objetivo es simple: Seguir el palo verde a la inversa. El lugar, la forma y el momento lo merecen.




Pasos vivos (al menos a mí me parecen), braceos alegres, comentarios sobre el lugar: Es de aves limícolas, en su mayoría de aguas temporales.

Allá donde vayas de los tuyos hayas y para no ser menos así fue (aunque el traía los palos al revés). Parón saludos y lo dicho, al final no es que practicara este mismo oficio ocioso, sino que los aposentos los ubicaba, tambien, en otros mismos lugares. El aire de sierra no daba para más: “Buen maratón” y seguimos.

Malvasia, ánade, pato colorao, flamenco, limonio, salicornio, carrizo,...

Avanzamos y sigue sus aguas encharcas. Mantenemos el ritmo. La mañana ya apuntaba algo especial por ello se exigía alargar el camino. Puente, a la derecha y subida ( en nuestros llanos los repechos son subidas), pesan los kilómetros, el cansancio se nota, la alegría se adueña.

Pasos, braceos, zancadas, lagunas, tierra, asfalto y piedras.

Agua y resurrección.

Hay muchas Semanas Santas en otros lugares, en otros pueblo,… pero no como las de mi pueblo.

Me gusta mi pueblo.